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HACIA UN CAMBIO EN LA CULTURA DE LA
ENERGÍA: ARQUITECTURA, PERSPECTIVA DE
GÉNERO Y GESTIÓN DE LA ENERGÍA EN EL DISEÑO
DE VIVIENDAS SOCIALES EN LA ZONA SUR DE
GRAN BUENOS AIRES (GBA)
Bárbara Brea, Gustavo Demartín
Recibido: y Aceptado:
15/8/2025 - 21/11/2025
TOWARD A CHANGE IN ENERGY CULTURE: ARCHITECTURE, GENDER
PERSPECTIVE, AND ENERGY MANAGEMENT IN THE DESIGN OF SOCIAL
HOUSING IN THE SOUTHERN ZONE OF GRAN BUENOS AIRES (GBA)
Conectando mentes, energizando el futuro
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Este artículo integra la perspectiva feminista aplicada al diseño de viviendas sociales en el conurbano
bonaerense con un enfoque crítico y sistémico de la eciencia energética desde la educación técnica y
profesional. Recoge la experiencia y las conclusiones de un proyecto elaborado en 2020 en el municipio
de Florencio Varela como antecedente para pensar el diseño de un proyecto actual en el municipio de
Berazategui. La hipótesis que orienta esta investigación es que un diseño arquitectónico informado por una
perspectiva feminista interseccional puede contribuir a desarticular desigualdades estructurales de género
en el ámbito doméstico, especialmente en los sectores populares del conurbano bonaerense. A través de un
método teórico-interpretativo, se analizan textos fundamentales del pensamiento feminista contemporáneo
para problematizar la producción del espacio doméstico como territorio político. Se argumenta que la
transición energética no puede reducirse a cambios tecnológicos, sino que requiere instalar una cultura de la
eciencia energética sustentada en la ética del cuidado, la justicia ambiental y la equidad de género. Mientras
que los estudios de caso permiten diagramar y esquematizar los resultados del análisis, se sostiene que,
sin una pedagogía de la sustentabilidad con perspectiva de género y un cambio profundo en la educación
técnica, transformar la matriz energética de forma justa y sostenible será una tarea incompleta.
This article integrates a feminist perspective applied to the design of social housing in the Buenos Aires
metropolitan area, combined with a critical and systemicapproach to energy eciency from technical and
profesional education. It draws on the experience and conclusións of a 2020 project developed in Florencio
Varela’s municipality as a precedent for designing a current project in Berazategui. There search hypothesis
is that an architectural design informed by an intersectional feminist perspective can help dismantle structural
genderin equalities in the domestic sphere, especially in the popular sectorsofthe conurbano. Using a
theoretical-interpretative method, key text sofcontemporary feminist thought are analyzed to problematize
the production of domestic space as political territory. Iti´s argued that the energy transition cannot be
reduced to technological changes, but requires establishing a culture ofenergy eciency based on care
ethics, environmenta ljustice, and gender equity. While case studies allow diagramming and schematizing
the results of the analysis, it is maintained that, without a gender-perspective-based sustainability pedagogy
and a profound change in technical education, transforming the energy matrix in a fair and sustainable way
will remainan incomplete task.
PALABRAS CLAVE: eciencia energética; gestión de la energía; cambio climático; vivienda social; arqui-
tectura; feminismo; perspectiva de género; educación técnica y profesional; justicia energética; arquitectura
sostenible; pedagogía de la sustentabilidad; ética del habitar.
KEYWORDS: energyeciency; energymanagement; climatechange; social housing; architecture; feminism;
genderperspective; technical and professionaleducation; energyjustice; sustainablearchitecture; sustainabi-
litypedagogy; ethicsofdwelling.
Resumen
Abstract
Conectando mentes, energizando el futuro
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1. INTRODUCCIÓN
La transición energética es un reto que trasciende
la ingeniería y la economía para involucrar
dimensiones culturales, sociales y políticas.
En contextos como el conurbano bonaerense,
la discusión no puede limitarse a métricas de
consumo y producción, sino que debe articular
justicia ambiental, equidad de nero y condiciones
de vida dignas. El presente trabajo unica dos
abordajes complementarios: uno, centrado en la
arquitectura feminista y la gestión energética en
viviendas sociales; otro, orientado a la necesidad
de una educación técnica y profesional (ETP) que
abandone la visión fragmentada y tecnocrática,
instalando un paradigma ético y sistémico de la
eciencia energética.
La transición energética se ha convertido en
uno de los eslóganes centrales de las agendas
ambientales y de política pública global. Sin
embargo, reducirla a un mero reemplazo
tecnológico sustituir combustibles fósiles por
energías renovables, instalar paneles solares
o aplicar normativas de eciencia resulta
insuciente. Esta visión tecnocrática ignora que
la energía no es solo un insumo técnico, sino un
fenómeno social, cultural, político y ético.
En los márgenes del Gran Buenos Aires,
donde la urbanización popular y las políticas
habitacionales se entrecruzan con historias
de desigualdad estructural, los municipios de
Florencio Varela y Berazategui representan un
territorio paradigmático. La vivienda social en
estos contextos se encuentra atravesada por
disputas materiales, simbólicas y políticas. Este
trabajo se propone abordar esas tensiones
desde una mirada feminista crítica que interpela
los supuestos de neutralidad técnica del diseño
arquitectónico.
En Argentina, la agenda del urbanismo con
perspectiva de género ha comenzado a
desarrollarse con fuerza a partir de los feminismos
populares post-2015, cuyo auge se vincula con
el movimiento Ni Una Menos. Este fenómeno
no solo denunció la violencia de género en
sus formas más visibles, sino que también
problematiza las condiciones materiales que
perpetúan dicha violencia (Segato, 2016), tales
como el hacinamiento, la inseguridad urbana, la
sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidados,
la falta de acceso a espacios comunes seguros.
En este marco, la vivienda deja de ser un objeto
técnico para devenir un espacio de producción
social de desigualdad o justicia. Así, el presente
trabajo se propone articular los aportes del
pensamiento feminista a una propuesta proyectual
de diseño arquitectónico en viviendas sociales con
criterios de eciencia energética, en el territorio
de Berazategui, a partir de las conclusiones e
indagaciones obtenidas en el proyecto de 2020.
La eciencia energética, tal como la dene la
Agencia Internacional de Energía (IEA, 2022),
es “la capacidad de utilizar menos energía para
proporcionar el mismo nivel de servicio. Esta
conceptualización, útil para métricas y políticas
técnicas, pierde de vista las condiciones históricas
y sociales que determinan qué se considera
eciente, para quién y con qué consecuencias.
Tal como plantean Schipper y Roy (2003), y se
sostiene desde perspectivas críticas en América
Latina (Escobar, 2018; Lugones, 2003), la
transición energética no sejusta ni sustentable
si no incorpora en su núcleo la justicia de género,
la equidad territorial y la ética del cuidado.
No es solo un problema de cambiar la matriz
productiva, sino de transformar los fundamentos
culturales que sostienen el uso y la distribución
de la energía. Sin embargo, la narrativa dominante
enfatiza el cambio de fuentes fósiles a renovables
y la mejora tecnológica. Sin embargo, esta
perspectiva tecnocéntrica ignora que lo que se
considera eciente’ es socialmente construido
y políticamente condicionado. La eciencia
energética, en consecuencia, no es neutra,
sino más bien es acertado sostener que puede
reproducir desigualdades o transformarlas,
dependiendo de los valores, prioridades y
contextos en que se implemente.
Sección ganadores “call for papers”
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2. CONCEPTOS
La arquitectura moderna ha operado
históricamente bajo la cción de la neutralidad.
Sin embargo, múltiples estudios han demostrado
que el espacio no es inocente, sino que
reproduce jerarquías de género, clase y etnia
(Doucet & Milligan, 1999). El espacio doméstico,
particularmente, ha sido naturalizado como
femenino, asociado al cuidado, al afecto, y a lo
privado, en contraste con lo público, masculino,
racional y político (De Beauvoir, 1998; Amann y
Alcocer, 2005; Bolla, 2018).
La incorporación de criterios de eciencia
energética en viviendas sociales es parte de una
agenda de justicia ambiental que busca disminuir
el impacto ecológico de la urbanización y reducir
las desigualdades en el acceso a servicios. Sin
embargo, cuando esta perspectiva no incluye
un enfoque interseccional, corre el riesgo de
invisibilizar quiénes sostienen materialmente
esas mejoras. Por ejemplo, instalar un calefón
solar en una casa sin garantizar agua corriente ni
condiciones adecuadas de uso y mantenimiento,
puede sobrecargar a las mujeres, ya que son ellas
las que mayoritariamente gestionan los hogares y
las viviendas.
Es importante detenerse en el concepto de
interseccionalidad. Una denición destacada
es la de María Lugones (2003), quien sostiene
que las opresiones no son independientes,
sino fusionadas, especialmente género y raza.
Argumenta que las categorías, por ejemplo,
“mujer”, “raza, no se superponen, sino que se
permeabilizan unas con otras, generando formas
y dispositivos únicos de dominación. Sostiene que
la matriz de dominación de una sociedad se ordena
por intersecciones cuyos ejes se intersectan.
Esa intersección es imposible de fragmentar,
de modo que las categorías de opresión deben
2.1. Feminismo, género y espacio doméstico
2.2. Eciencia energética y justicia ambiental
La teoría feminista ha problematizado esta
dicotomía. Judith Butler (2007) introdujo el
concepto de performatividad del género, que
permite comprender mo el espacio no solo aloja
prácticas sociales, sino que también las produce.
El diseño arquitectónico, al organizar los cuerpos
en el espacio, delimita funciones, visibiliza u
oculta tareas, jerarquiza actividades. Así, la cocina
cerrada y separada, el lavadero escondido, o la
habitación infantil “neutra” refuerzan patrones de
género al distribuir las tareas domésticas según
supuestos binarios (Amann y Alcocer, 2005).
pensarse fusionadas. En los barrios populares
esta interseccionalidad se observa en las
condiciones de las mujeres a partir de conceptos
como “mama luchona”, “planera, “puta, donde
opera tanto un prejuicio racista, como clasista
y de género. Estas operaciones discursivas no
se aplican con el mismo sentido opresivo a las
prácticas de mujeres con condiciones de vida de
mejor calidad y decrece en la medida en que las
mismas pertenecen a clases más altas.
En este sentido, las propuestas de los nuevos
materialismos y del ecofeminismo permiten
complejizar el vínculo entre cuerpos, afectos,
materiales y territorios (Solana, 2017; Haraway,
1990). Pensar en la eciencia energética con
perspectiva de género implica preguntarse no
solo por el ahorro, sino por el acceso equitativo a
los recursos, la distribución del tiempo doméstico
y las posibilidades de autonomía.
Conectando mentes, energizando el futuro
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Los feminismos populares surgidos en América
Latina, y particularmente en Argentina desde
2015, han colocado en el centro de la agenda la
dimensión territorial del feminismo. Como plantea
Daniela Losiggio (2023), frente a un avance de
discursos libertarios antifeministas, las prácticas
feministas desde los márgenes rearman una
articulación entre cuerpo, espacio y política.
Estas luchas, que integran demandas por
tierra, techo y trabajo, desbordan las categorías
tradicionales del urbanismo y reclaman
soluciones que atiendan a la experiencia situada
de las mujeres, lesbianas, trans y travestis del
conurbano. El hábitat popular no puede ser
pensado sin estas voces propias de lo subalterno
Se denomina Conurbano Bonaerense al conjunto
de mun i cip ios qu e rode an a la Ciudad Autón o ma de
Buenos Aires, conformando su área metropolitana.
Esta región se inscribe en un proceso histórico-
cultural de desarrollo demográco que ha
dado lugar a un territorio densamente poblado,
heterogéneo y de alta complejidad social,
económica y territorial. En él conviven grandes
centros industriales y comerciales con extensas
áreas residenciales y barrios populares,
reejando un pasado de urbanización acelerada y
migraciones internas y externas que consolidaron
una fuerte concentración poblacional, a la vez que
revelaron profundas desigualdades en el acceso a
infraestructura, servicios y oportunidades laborales.
El Conurbano se dispone en un anillo alrededor
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y se
organiza en tres grandes regiones norte, oeste
y sur, cada una subdividida en sectores. Su
límite oriental se extiende hasta las costas del
Río de la Plata, y está integrado por 24 partidos
o municipios, algunos densamente poblados y
otros con características rur-urbanas. En total,
2.3. Feminismos populares y políticas del hábitat
3.1 El territorio
(Spivak, 1988). La subalternidad reere a aquellas
poblaciones que están radicalmente marginadas
del poder, tanto en términos económicos, sociales,
como discursivos. Los subalternos son sujetos
que no solo carecen de representación política
o económica, sino que no tienen posibilidad de
hablar o ser escuchados dentro de las estructuras
dominantes del discurso. Así, la subalterna no
puede hablar no porque no tenga voz, sino porque
no hay espacio discursivo en el que esa voz sea
comprendida sin ser distorsionada.
El diseño arquitectónico feminista, entonces,
no busca solo distribuir mejor los espacios,
sino desarmar las lógicas patriarcales que los
sustentan.
3. ABORDAJE Y HALLAZGOS PRINCIPALES
habitan en este territorio cerca de 14 millones
de personas, conformando una unidad cultural
y política que funciona como motor urbano y
espacio de identidad colectiva.
La zona sur, en la que se concentran nuestras
investigaciones -Quilmes, Berazategui y Florencio
Varela-, se distingue por su identidad industrial y
obrera, históricamente vinculada a la expansión
de fábricas, talleres y áreas logísticas. En ella se
entrelazan sectores urbanos consolidados con
extensos barrios populares. Durante las últimas
décadas, esta región ha enfrentado desafíos
signicativos: décit habitacional, problemas
de infraestructura y vulnerabilidad ambiental,
especialmente en zonas cercanas a cursos de
agua como el Riachuelo, el arroyo Las Piedras
y el arroyo Las Conchitas. Por estas razones,
la zona sur se ha convertido en un territorio
estratégico para el desarrollo de políticas de
vivienda social, planicación territorial y mejora del
hábitat, apoyadas en experiencias comunitarias
y procesos de participación impulsados por
organismos públicos.
Sección ganadores “call for papers”
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En este vasto y dinámico territorio, donde el
crecimiento urbano parece indeterminado,
las políticas públicas resultan cada vez más
necesarias para alcanzar un desarrollo sostenible.
El Conurbano Bonaerense constituye un espacio
de profundas desigualdades estructurales, pero
también una fuente de creatividad, energía y
vitalidad, funcionando como motor clave del
Fuente: elaboración propia sobre imagen de Google maps (octubre 2025)
Foto propia (2025)
Imagen 1. Ciudad de Buenos Aires, Conurbano bonaerense y área de trabajo del presente estudio.
Imagen 2. Barrio de Villa Brown, Florencio Varela.
impulso civilizatorio del país. Las universidades de
la región 14 en total, distribuidas en red a lo largo
del territorio— actúan como nodos de producción
de conocimiento situado, aportando visiones
críticas y convirtiéndose en protagonistas de la
investigación, la plani cación y la ejecución de
proyectos y programas orientados a soluciones
integrales y justas.
Conectando mentes, energizando el futuro
100
Los resultados parciales de las investigaciones
presentadas en este ensayo se inscriben en este
marco, re ejando el esfuerzo por insertarse en las
comunidades, comprender sus problemáticas y
aportar soluciones adaptadas a sus necesidades
El proyecto fue desarrollado en 2020 por un equipo
de UNAJ integrado por la arquitecta Bárbara Brea
en la dirección y los estudiantes Pamela García
Hatrick, Mariano Piroti y Natalia Prozman. A
partir de un diagnóstico socio-técnico exhaustivo
realizado por el equipo, se buscó diseñar un
modelo urbano inclusivo, enfocado en mejorar la
calidad de vida en los sectores más vulnerados del
y contextos especí cos. De este modo, los
hallazgos se ponen a disposición para orientar y
fortalecer el desarrollo de políticas públicas más
efectivas y pertinentes.
Foto propia (2025)
Foto propia (2025)
Imagen 3. Barrio de Villa Brown, Florencio Varela.
Imagen 4. Barrio de Santo Domingo, Quilmes.
3.1.1 Florencio Varela - Proyecto: “La Ciudad de las Mujeres”
conurbano bonaerense, integrando perspectiva
de género, sustentabilidad y justicia social.
En los diagnósticos previos se detectó que la
zona presenta una alta densidad poblacional,
precariedad habitacional y un fuerte impacto del
cambio climático. Allí, la desigualdad de acceso
a servicios básicos como agua, cloacas, energía
Sección ganadores “call for papers”
101
y conectividad golpea con más fuerza a mujeres,
madres solteras y familias numerosas.
El proyecto tuvo en cuenta las leyes ambientales
nacionales y provinciales, y se enmarcó en
políticas de acceso justo al hábitat. Además,
partió del reconocimiento de los impactos del
cambio climático en zonas vulnerables, para
plantear adaptaciones resilientes.
Porque pensar la ciudad desde la experiencia de
las mujeres, especialmente las más afectadas
por la pobreza estructural, es repensar la ciudad
desde un urbanismo centrado en el cuidado, la
equidad y la sostenibilidad.
Florencio Varela cuenta con 65 asentamientos
con 20.453 familias, estas familias se encuentran
atravesadas por condiciones socioambientales
como el hacinamiento, falta de ingreso,
educación interrumpida, falta de comprensión
verbal, depresión, baja autoestima, consumos
de drogas y alcohol, entre otros, que afectan
negativamente a las familias haciéndolos caer en
un círculo vicioso. El número de madres solteras
va en aumento, mayormente son mujeres jóvenes
solteras que abandonaron sus estudios. Aunque
en la mayoría de los casos “las familias de núcleo
completo” comprenden el 75 % de las familias
con un mínimo de integrantes de 5 personas.
Uno de los principales problemas encontrados
fue la violencia de género, que se maniesta en
prácticas que invisibilizan las tareas reproductivas,
la feminización de la pobreza, la brecha salarial,
la violencia psicológica, física y económica por
parte de los varones. En este sentido, es preciso
ampliar el concepto de violencia (Segato, 2003),
evitando entenderlo solo como un acto individual
o patológico, y más bien como manifestación
estructural compleja y sistemática del poder
patriarcal. En sus manifestaciones más extremas,
Segato sostiene que la violación, el feminicidio y
otras formas de violencia no son actos motivados
meramente por deseo o desviación sexual,
sino que cumplen una función de dominación,
escarmiento y control social. Las viviendas
populares y sus encuadres territoriales favorecen
en muchos casos, lo que Segato llama una
“pedagogía de la crueldad”. Se reere a una
cultura completa que normaliza la cosicación
del cuerpo, la jerarquización de los géneros y el
castigo ejemplar a las mujeres que desafían las
normas patriarcales. Es una pedagogía porque
se enseña, se reproduce y se institucionaliza en
muchos ámbitos de la sociedad (medios, justicia,
educación, espacios físicos, etc.). Y a su vez,
se inscribe en el diseño del espacio. La falta de
recursos simbólicos y materiales en el ambiente,
de información, de iluminación y de espacios de
intercambio de género que promuevan la equidad.
En el marco de la pandemia COVID-19, se
demostró la agudización de la violencia de nero,
el aumento de los femicidios y la presión sobre las
tareas de cuidado en la mujer. El espacio físico
de convivencia se transformó en un escenario
propicio para el ejercicio condensado de la
violencia.
La crisis económica pre-pandemia, la falta de
acceso a un hábitat digno y la precarización
laboral hicieron que el “quedate en casa” para
muchas familias de nuestro territorio fuera solo un
cliché doloroso.
De este modo, el proyecto se propuso incorporar
las problemáticas donde se enmarcan las
diferentes situaciones que vulneran los derechos
de las mujeres y las familias. Teniendo en cuenta
la necesidad de la independencia económica
en escenarios tan críticos como el actual,
cuya tendencia en 2025 se agudiza, indica la
necesidad de espacios físicos personales para
cada integrante de la familia, con un énfasis en
la conectividad tecnológica pero también formal
material, así como una posibilidad concreta y
accesible de emprender y formarse.
En relación al diseño, se pretendió que sea
cómodo y digno para todes, pero en especial
para las mujeres, que sea seguro para las tantas
mujeres que trabajan en la nocturnidad, por
ejemplo, nuestras compañeras universitarias de la
salud y del cuidado. Atender las necesidades de
hábitat desde la experiencia como trabajadores,
con hogares humildes y con vulnerabilidades en
nuestras trayectorias, nos permitió empatizar y
enriquecer el análisis diagnóstico que nalmente
impulsaron la propuesta. El principal desafío
Conectando mentes, energizando el futuro
102
consistió en enfocarlo desde una perspectiva
sustentable, justa e inclusiva.
Se llevaron a cabo unas neas de acción
prioritarias para la creación de viviendas
energéticamente ecientes, donde se tomaron
varios factores, contemplando llevar adelante
provisión y monitoreo en la demanda de energía,
agua, emisiones y manejo/reutilización/sustitución
de residuos o materiales y llevar estrategias de
sostenibilidad del proyecto. El mismo se centró
en los bajos costos (económicos y ambientales)
de los materiales, en la alta disponibilidad de
los mismos y en una ejecución liviana de las
obras a desarrollar, contemplando así también la
opción de la autoconstrucción por parte de las
mujeres (la industria de la construcción es una de
las más importantes a la hora de la reactivación
económica del país).
Las viviendas fueron pensadas de entramado
liviano de madera, ya que esta tecnología está
altamente certicada y se destacan principalmente
por la gran oferta de sus materiales, facilidad
de obtención, transportabilidad, mano de obra
y calidades de terminaciones. Se previó que
los materiales de aislación fueran de celulosas
vegetales buscando un menor impacto
ambiental. Observando especialmente que toda
la envolvente cumpla con los estándares A y B
de la norma IRAM 11605, teniendo en cuenta
las 11601, 11603 y 11604 (Ley 13059/10 PBA,
Acondicionamiento higrotérmico en edicios
residenciales). Además, para calefacción se
previó ganancia solar directa por ventanas e
indirecta por calefactor solar de aire (este sistema
constructivo no posee masa térmica). De no
existir conexión de gas, se recomendó el uso
de sistemas jos de tiro balanceado a biomasa,
de alta eciencia. Para el refrescamiento resultó
importante asegurar la ventilación cruzada con
tratamiento exterior de aire de ingreso (arbolado),
y el sombrado de las fachadas norte con sistemas
de pérgolas (vegetación caduca o toldo). Con
estas medidas se alcanzaría un 84 % de uso
de estrategias pasivas de diseño arquitectónico
según el capítulo 5 (Estrategias Pasivas para el
Diseño Arquitectónico) de la norma IRAM 11900
v. 2017 de Calicación Energética de Edicios
Residenciales.
La conexión de agua y energía eléctrica se prevía
inmediata de red. Resultó importante incorporar
un tablero de seguridad y un módulo fotovoltaico
para backup de conectividad de 300 W por
vivienda. También la colocación de termotanques
solares para agua caliente sanitaria. En relación
a equipamiento y a la calefacción, se incorporó
un calentador solar de aire (ya que se trata de
un sistema constructivo liviano que carece de
masa térmica). Para complementar la calefacción
se prevé conexión a red de gas, o en su defecto
equipos con tiro balanceado de alta eciencia a
biomasa.
Para el tratamiento de euentes de todo el conjunto
resultó adecuado la instalación de un sistema
modular de 10,5 m³ (dentro de un container de
6x3 m). Mientras quedó pendiente el estudio de la
posibilidad de instalar biodigestores residenciales
en el marco de una capacitación ambiental.
Dicha capacitación, instancia indispensable en
la pedagogía del proyecto, abarcaba también las
dimensiones energética (seguridad eléctrica e
instalaciones básicas domiciliarias) y constructiva,
principalmente para mujeres, esperando que
sea el punto de encuentro entre el barrio formal
precedente y el nuevo barrio emergente.
Del análisis diagnóstico surgieron las siguientes
categorías, criterios y lineamientos como guías
para el diseño de espacios de hábitat inclusivos:
Espacios reproductivos (para todos): Los
espacios de cuidado deben ser abiertos para
compartir las responsabilidades en equipo.
Seguridad para maternar: El derecho a la
seguridad para la crianza y la accesibilidad a
los espacios es vertebrador del rol productivo
que debe llevar adelante la mujer, sobre todo en
hogares con jefatura femenina y con pobreza
pre y post pandémica. La nueva normalidad
postpandemia exigía preservar a les niñes y
garantizar sus derechos.
Nocturnidad laboral: La ciudad no está
pensada para las muchas mujeres que trabajan
y se transportan durante la noche, sobre todo las
trabajadoras del cuidado, estudiantes de la UNAJ.
Sección ganadores “call for papers”
103
Coworking con conectividad para emprender
y aprender en comunidad: El escenario global
es incierto y la conectividad y los espacios para
emprender y capacitarse en las nuevas tecnologías
son imperantes. Ofrecer el espacio y la conexión
garantiza tanto la oportunidad del desarrollo
productivo como del acceso a la educación, tanto
para la mujer como para su familia.
Espacios verdes comunitarios: El
autoabastecimiento a partir del cultivo comunitario
cohesiona, a la vez que educa sobre los ciclos
vitales, la importancia de los espacios verdes
para las emociones en contextos de crisis y el
bene cio de los servicios ambientales. Por lo
tanto, la huerta urbana integrada a la habitabilidad
se torna imprescindible siempre y cuando sea
cómoda de acceder en cualquier época del
año, proporcionada, diversa y acompañada
de programas de capacitaciones constantes
enfocadas en la alimentación, la soberanía y la
seguridad alimentaria.
La cocina como espacio de trabajo y de
cuidado: Cocinar es un trabajo y por lo cual
debe ser consecuentemente utilitario sin perder la
centralidad de la vida familiar. Consideramos que
sea un espacio de trabajo reproductivo en equipo
por y para todes.
Mesa como espacio de multitasking: Durante
el Aislamiento Social, Obligatorio y Preventivo
ante el COVID-19, la mesa fue la arena de todas
las batallas, los usos, los roles y los actores se
disputaban el mueble infravalorado. Nuestra
propuesta son espacios de utilidad similar pero
rebatibles y/o similares para descomprimir las
tensiones del espacio familiar.
Integración con la gentri cación del sitio: La
propuesta de levantar el barrio sobre un predio
recuperado por la universidad, de la empresa “La
Estelar, se integraría con el Proyecto de ciudades
de mujeres.
Teniendo en cuenta la experiencia desarrollada
en el apartado anterior, en 2024 se comenzó a
trabajar en el análisis de las obras de vivienda
social llevadas adelante en barrios populares de
Berazategui, Quilmes y Florencio Varela. Dichas
obras fueron desarrolladas y ejecutadas por el
Ministerio de Hábitat del Gobierno de la Provincia
de Buenos Aires.
3.1.2 Berazategui: Viviendas de interés social para relocalización. PBA
A partir de esta experiencia, se elaboró el proyecto
de investigación “Vivienda Sustentable: E ciencia
Energética en Vivienda Social”, con el objetivo
de presentar un informe que aportara criterios
constructivos adecuados a las particularidades
de las poblaciones bene ciarias.
Foto propia (2025)
Imagen 5 y 6. Barrio 3 de Junio, Berazategui.
Conectando mentes, energizando el futuro
104
Los asentamientos, ubicados en el sur del
conurbano bonaerense, presentan características
propias de las periferias metropolitanas. Esto es,
urbanización informal, alta densidad habitacional,
bajos niveles de ingreso y acceso irregular a
servicios básicos. En estos contextos, la vivienda
social es una herramienta central de política
pública, pero también un espacio de disputa
ideológica. Particularmente, en Berazategui se
trabajó en dos barrios; que debieron relocalizarse
por asentarse bajo la traza de una línea de alta
tensn.
El resultado del informe propuesto, basado en
criterios de políticas de vivienda social, integrando
lineamientos de eciencia energética y diseño con
perspectiva de género, tuvo un doble objetivo:
por un lado, observar la posibilidad de reducir el
consumo energético en climatización a partir del
diseño eciente del objeto construido y por el otro,
introducir criterios de mejoras en las condiciones
de vida de la población, con mayor atención en
las mujeres e identidades feminizadas, para el
cual se realizaron recomendaciones de diseño y
equipamiento básico.
Los criterios anteriormente identicados nos
permitieron pensar en el diseño de espacios de
cuidado visibles que, en lugar de ocultar las tareas
de cuidado, propongan, por ejemplo, cocinas
abiertas al comedor, integradas visualmente, que
reconozcan el valor del trabajo doméstico. Con
espacialidad exible, es decir, con ambientes que
puedan transformarse según las necesidades de
la unidad conviviente (trabajo, estudio, descanso),
rompiendo con la lógica binaria de funciones jas.
Otro elemento clave es la seguridad y accesibilidad.
Para ello consideramos importante ampliar en
todas sus posibilidades la iluminación natural, la
ventilación cruzada, el acceso a patios internos
para el juego seguro de niñeces, y los accesos con
visualización desde el interior para mayor control
comunitario.
La participación comunitaria resulta un eje
prioritario de la propuesta, que para ello incorpora
en su etapa diagnóstica talleres participativos con
vecinas para denir necesidades reales de uso,
cuidados y redes. Así como encuestas y entrevistas
en profundidad llevadas adelante por los equipos
de investigación.
Del trabajo investigativo producto de la tarea del
equipo de UNAJ y de las categorías se formularon
las siguientes propuestas especícas de diseño:
Nuevos espacios:
1. Coworking con conectividad: espacios para
emprender y estudiar en comunidad.
3.2. Criterios de diseño con perspectiva de género
2. Huertas urbanas integradas: cultivo comunitario
para el autoconsumo y educación ambiental.
3. Cocinas comunitarias: espacios de trabajo y
cuidado compartido.
4. Mesas multifunción: diseño de mobiliario versátil
para hogares que son aula, comedor y ocina.
5. Baños dignos y núcleos húmedos: respuesta
rápida a necesidades básicas.
6. Espacios seguros para maternar y trabajar de
noche: perspectiva urbana con enfoque en género.
Enfoque sostenible en el hábitat.
7. Derecho a la energía de calidad y eciencia
climática.
9. Soluciones basadas en la naturaleza (SBN)
10. Espacios verdes como soporte emocional y
social.
11. Captación y gestión del agua.
12. Eciencia energética.
13. Diseño bioclimático con materiales adaptados
al contexto.
Sección ganadores “call for papers”
105
En relación a la eciencia energética de las
viviendas, la recomendación es prevén el hacer
uso del aislamiento higrotérmico de la envolvente
edilicia correspondiente a la zona bioclimática
IIIb (norma IRAM 11603), con orientación norte,
ventilación cruzada, techos verdes e inclusión de
generación limpia, denotada en la incorporación
de calefones solares de placa plana, con respaldo
eléctrico, para el agua caliente sanitaria. Asimismo,
el manejo hídrico también se plantea como opción
favorable.
Es importante mencionar que en el proceso de
investigación recomendamos la incorporación del
uso de materiales de bajo impacto ambiental, de
producción local y preferentemente reciclados.
Con el objetivo de favorecer procesos de economía
circular y verde.
Estas medidas no son neutras, afectan directamente
la carga de trabajo doméstico, el acceso al confort
térmico, la salud y el tiempo disponible para otras
actividades (formación, participación política,
recreación).
En consecuencia, antes o simultáneamente a
modicar la matriz energética, es necesario instalar
una cultura de la eciencia que supere la mera
optimización técnica. Desde la ETP, esto implica
3.3. Criterios de eciencia energética
incorporar una mirada interdisciplinaria y crítica que
integre ingeniería, arquitectura, ciencias sociales y
losofía, reconociendo la interdependencia entre
energía, género y justicia, donde el género y la
justicia energética no sean “módulos optativos”,
sino ejes estructurantes. Esto supone concebir
la eciencia como una construcción social,
situada históricamente, y atravesada por valores y
prioridades que no son neutrales. Lo que en un
contexto industrializado se considera óptimo
puede ser ineciente o injusto en barrios populares,
donde los tiempos, las prácticas y las tecnologías
están profundamente imbricados con la vida
cotidiana.
Como hemos visto, en barrios populares, la
eciencia energética solo es viable si se adapta a
las prácticas locales y no incrementa la carga de
trabajo doméstico, especialmente de las mujeres.
Aquí la educación técnica y profesional (ETP) se
vuelve un vector estratégico. Sin embargo, en
Argentina la ETP tradicional ha estado dominada
por un enfoque fragmentado y productivista,
que forma técnicos competentes en cálculos
y normativas, pero sin las herramientas para
cuestionar las implicancias sociales y ambientales
de sus decisiones.
4. DISCUSIÓN Y CONTROVERSIAS
En Florencio Varela, el proyecto “La Ciudad
de las Mujeres” (2020) obser situaciones
de hacinamiento, precariedad habitacional
y desigualdad en el acceso a servicios, con
fuerte impacto en mujeres y niñeces. El estudio
diagnosticó condiciones críticas debido a la alta
densidad poblacional, el décit de infraestructura
básica y vulnerabilidad frente al cambio climático.
Las mujeres, especialmente madres solteras,
enfrentan la sobrecarga de tareas de cuidado, la
violencia de género y la feminización de la pobreza,
en contextos urbanos inseguros y con viviendas
inecientes. Por eso en Quilmes y Berazategui
(2024/25), en los proyectos de vivienda social
estudiados se recomendó incorporar criterios de
eciencia energética y diseño con perspectiva
de género, con el doble objetivo de reducir el
consumo energético y mejorar la calidad de vida de
mujeres e identidades feminizadas. Proponiéndose
espacios exibles, seguros y multifuncionales, con
huertas comunitarias, áreas de coworking con
conectividad, cocinas abiertas y baños accesibles,
además de núcleos húmedos ecientes.
Estos casos evidencian que la eciencia
energética impacta directamente en la salud, el
Conectando mentes, energizando el futuro
106
tiempo disponible y las oportunidades de inclusión
socioeconómica de las poblaciones beneciarias.
Los municipios de Quilmes, Florencio Varela
y Berazategui son ejemplos paradigmáticos
de la tensión entre políticas habitacionales y
desigualdad estructural. En ambos casos, se
demostró que la eciencia energética no puede
tratarse solo como un atributo técnico. La calidad
térmica, el acceso al agua caliente, a la energía
para cocción, o la iluminación adecuada tienen
impacto directo en la carga de trabajo doméstico,
en la salud y en las oportunidades de educación
y empleo, especialmente para mujeres y niñeces.
El diseño arquitectónico feminista con criterios
de eciencia energética enfrenta una serie de
tensiones y paradojas. Por un lado, la normativa
urbana muchas veces responde a criterios técnicos
abstractos que invisibilizan las prácticas sociales
reales. Por otro, las políticas públicas de vivienda
tienden a reproducir modelos habitacionales
estándar que no contemplan la diversidad de
estructuras familiares ni la distribución desigual
del trabajo reproductivo.
En este sentido, los feminismos populares
aportan una mirada situada, que permite pensar
la vivienda como un derecho ampliado, vinculado
no solo al acceso al suelo y los servicios, sino a
la dignidad de las condiciones de vida cotidianas.
Frente al backlash antifeminista que denuncia
Losiggio (2023), estas prácticas proyectuales
rearman una política del cuidado como horizonte
de justicia.
Además, el cruce con la eciencia energética
permite vincular la justicia ambiental con la justicia
de género, en una clave de interdependencia
en la que ni el ambiente ni el hábitat pueden
sostenerse sin el trabajo de cuidado. Un diseño
con perspectiva de género es, también, un diseño
sustentable.
5. PERSPECTIVAS FINALES
Este trabajo ha desarrollado una propuesta de
diseño arquitectónico feminista y con criterios
de eciencia energética para viviendas sociales
en Quilmes y Berazategui, capitalizando las
conclusiones a partir de una experiencia previa
en Florencio Varela. La hipótesis inicial sostiene
que el diseño arquitectónico puede ser una
herramienta para desarticular desigualdades de
género si se lo entiende como producción política
del espacio. Esto solo será posible con los aportes
del feminismo a la arquitectura, que no se limitan
a incorporar mujeres en el proceso proyectual,
sino a cuestionar las lógicas patriarcales del
habitar como ética. En este sentido, el diseño con
perspectiva de género no es un gesto estético
ni un agregado técnico, sino una transformación
profunda en la manera de concebir el espacio, el
cuerpo y la vida común.
Ahora bien, el desafío es cómo alcanzar un
estadio de desarrollo técnico que incorpore esta
perspectiva. Claramente no se podrá transformar
la matriz energética sin una pedagogía de la
sustentabilidad que incluya la perspectiva de
género como eje transversal. Esto implica
reconocer el trabajo de cuidado, la redistribución
de las responsabilidades y el diseño de entornos
que favorezcan la autonomía y la seguridad.
Los feminismos populares ofrecen un marco
para repensar la vivienda y el urbanismo desde
la experiencia situada de mujeres e identidades
feminizadas. A partir de los cuales se puede
pensar en formar profesionales y comunidades
capaces de comprender que el ahorro energético
no es un n en mismo, sino parte de un
entramado mayor que vincula justicia ambiental,
derechos humanos y equidad social.
Tal como plantea Losiggio (2023), frente al avance
de discursos antifeministas, los feminismos
populares articulan cuerpo, espacio y política
en una agenda territorial que reclama soluciones
situadas. En arquitectura y urbanismo, esto
signica diseñar viviendas y barrios que no
solo sean energéticamente ecientes, sino que
redistribuyan el poder y el cuidado.
Sección ganadores “call for papers”
107
La pedagogía de la sustentabilidad entonces
procura unir saberes técnicos y saberes locales,
promover la autoconstrucción y el mantenimiento
comunitario, y reconocer las prácticas de cuidado
como núcleo de cualquier estrategia energética.
La educación técnica heredera del modelo
industrialista y capitalista ha incorporado,
muchas veces sin cuestionamiento, dimensiones
patriarcales y una visión instrumental del ambiente.
Esta formación, centrada en la productividad
y la estandarización, tiende a invisibilizar el
cuidado como principio y a considerar lo social
y ambiental como “externalidades”. Por ello,
una ETP tradicional que responde a una lógica
industrialista y productivista, que invisibiliza el
cuidado y considera lo social y ambiental como
factores secundarios, limita su capacidad para
formar profesionales capaces de responder a
los desafíos de la justicia energética y ambiental.
En el caso de la eciencia energética, esto se
traduce en currículos que priorizan normas
técnicas y cálculos de cargas térmicas, pero
que no interrogan quiénes pagan el costo de
las soluciones implementadas, ni cómo estas
impactan diferencialmente en distintos grupos
sociales.
Pensar un nuevo paradigma de educación técnica
debe ser sistémico y ético. Siguiendo a Morin
(2001), esto implica reconocer la interdependencia
entre las partes y el todo, aceptar la incertidumbre,
y pensar en escalas múltiples, lo local y lo global
de manera articulada.
Introducir la ética del habitar ofrece un marco
para repensar la relación entre tecnología y vida,
donde el cuidado, la justicia y la sostenibilidad
no sean agregados, sino principios fundantes.
El desarrollo acelerado de la IA y la digitalización
ofrecen herramientas poderosas para el modelado
energético, la optimización de recursos y el
monitoreo de consumos con el n de optimizar
recursos, pero no pueden sustituir el juicio ético.
La ETP debe enseñar un uso crítico de estas
tecnologías, evitando sesgos y exclusiones, y
asegurando que sirvan al cuidado de las personas
y del planeta.
El objetivo nal de la transformación de la cultura
de la energía no es producir técnicos expertos
en software, sino profesionales conscientes,
capaces de articular conocimientos técnicos
situados con valores humanos que pongan en el
centro el cuidado de las personas y del planeta.
Conectando mentes, energizando el futuro
108
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