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1. INTRODUCCIÓN
La transición energética es uno de los procesos
más relevantes y urgentes de este siglo,
caracterizada por el reemplazo progresivo de
fuentes fósiles —como el carbón, el petróleo—
utilizando como combustible intermedio el
gas natural, por energías limpias y de bajas
emisiones de carbono, como la solar, eólica,
hidroeléctrica a pequeña escala, geotérmica y
el hidrógeno verde (INTERNATIONAL ENERGY
AGENCY [IEA], 2022). Este cambio no solo
es una respuesta necesaria frente al cambio
climático (PROGRAMA DE LAS NACIONES
UNIDAS PARA EL DESARROLLO [PNUD], 2025),
sino también una oportunidad para construir
sistemas energéticos más sostenibles, resilientes
y accesibles, a razón de la diversicación de las
fuentes de energía.
Sin embargo, la transición energética no
puede quedarse en un proceso técnico, sino
debe enfocarse también como una profunda
transformación social, económica y cultural que
debe incorporar la diversidad de perspectivas y
La desigualdad de género no es algo distante
para este siglo, los conceptos transición
energética y equidad de género no solo se
relacionan porque dependen de las personas
para que se ejecuten, sino que los dos deben
ser trabajados en este siglo. De acuerdo con el
informe Renewable Energy and Jobs (IRENA,
2022), las mujeres representan apenas el 32% de
la fuerza laboral global en energías renovables, y
su participación es menor en áreas técnicas, de
campo y de liderazgo. En segmentos como la
generación, transmisión y distribución eléctrica,
esta cifra cae por debajo del 20%.
En América Latina, la Organización
Latinoamericana de Energía (OLADE, 2022) señala
que, en promedio, solo 18% de los profesionales
1.1 Contexto global de la transición energética
1.2 Brechas de género en el sector energético
talentos de toda la sociedad (IRENA, 2021), en
lo que se reere a la producción, distribución y
consumo de energía. Y, sobre todo, es un proceso
que requiere contar con personas calicadas
y sucientes para cubrir las necesidades
profesionales que esta transformación demanda.
Esto implica garantizar una participación
equitativa de mujeres y hombres en todos los
niveles que involucra esta transformación, desde
la investigación y el desarrollo hasta la operación
y la toma de decisiones estratégicas. Es decir,
no podemos hablar de una transición energética
justa y equitativa sino estamos incluidos todas
y todos, sin ser considerado como un valor
agregado, sino una condición para el éxito
(BANCO MUNDIAL, 2024).
En resumen, hablar de transición energética
justa y equitativa, signica que todas y todos
estemos involucrados, sin que se quede nadie
atrás, y que cuente con las personas preparadas
para desarrollar, operar y mantener el proceso.
del sector energético son mujeres, y su presencia
en cargos de liderazgo es muy reducida. En
el Ecuador las cifras probablemente son más
alarmantes, solo podemos hablar de lo que se ha
medido y en el país aún no se dispone de cifras
ociales en cuánto a la presencia de la mujer en
el sector energético, conforme una investigación
realizada se identicó que menos del 1% de los
puestos de liderazgo en entidades claves del
sector eléctrico eran liderados por mujeres.
Las causas de esta brecha incluyen estereotipos
culturales, ausencia de políticas inclusivas,
maternidad, cuidado familiar, falta de referentes
femeninos, orientación vocacional sesgada
desde etapas tempranas de formación, entre
otros. Además, la falta de acceso equitativo a
Sección ganadores “call for papers”